La primera época del ciclo anual de estaciones nos habla de vida, de alegría y de amor.
En el campo, es tiempo de hacer planes y, en el jardín, es el momento
de prepararse para la aparición de colores y aromas, y de esperar la visita de mariposas y
pajarillos, es tiempo de gozar de la promesa y la esperanza que significa que el invierno ha terminado
y el calor del verano se aproxima.
Por esto escogemos como tema para este artículo: PROYECTOS, pues siempre será importante analizarlos a la luz de la Palabra de Dios y en el contexto de nuestro llamamiento como siervos del Altísimo. PENSEMOS en tres lecciones:
1. Primavera, es vida después de la muerte.
Las semillas que cayeron de las plantas que murieron por el frío, están brotando; los animales que invernaron están saliendo de sus escondites; los pájaros están buscando dónde hacer sus nidos...
Estas verdades, y muchas más, nos dan ejemplos abundantes de lo necesario que es morir para volver
a nacer y de lo que es confiar en la promesa de una primavera para pasar por un invierno, es decir, creer en Dios para pasar de muerte a vida.
2. Primavera, es una nueva oportunidad concedida por Dios.
Los árboles retoñan, los campos reverdecen, el sol vuelve a calentar la tierra, pero esto no es excusa
para que los castores tomen sus vacaciones, las abejas se pongan a charlar en las praderas o las aves
programen viajes de placer. Hay trabajo que emprender: represas y madrigueras tienen que construirse, se necesita de alimento para lograr un desarrollo pleno y tener crías a tiempo para que éstas puedan soportar el invierno, hay un ciclo de vida que cumplir, y el tiempo no espera.
Esta es otra lección muy fácil de ejemplificar: lo que no se hace en primavera, ya es tarde emprenderlo en otro momento. Aplazar las cosas de Dios para un mañana es el error más grande que el hombre puede cometer. Samuel, Timoteo, y muchos más, fueron grandes siervos del Señor por haberse entregado al Señor en su niñez.
3. Primavera, es época de proyectos.
Los nidos deben construirse en lugares seguros antes que lleguen las lluvias torrenciales de verano; las semillas han de aprovechar el agua de los deshielos, rica en minerales, para su crecimiento; y para
cosechar y guardar el grano antes de los temporales del invierno, el hombre del campo debe apresurarse a preparar su tierra para sembrar a tiempo.
Entre los hombres que buscan enseñar sus doctrinas, las más veces con fines perversos, ninguno niega la importancia de sembrar sus ideas en las mentes de los niños y promover así su forma de
pensar. Nosotros, que tenemos en nuestras manos las enseñanzas de Cristo, ¿estamos convencidos de
esta realidad? ¿Cuántos niños son rescatados de la maldad de este mundo y llevados a los pies de Cristo? ¿Es ésta una de las metas más importantes de la cristiandad? Tristemente sí lo es para Satanás: los medios masivos de comunicación, los productores de todo tipo de entretenimiento, los vendedores de droga, todos aprovechan la mente del niño y el acceso temprano a una personalidad en formación para lograr adeptos por toda una vida. El despertar de actividad en la naturaleza durante la época de la primavera debiera subrayar esta lección y convencernos de la importancia de que Cristo sea formado en el niño en tan importante época de su vida.
La Biblia es clara al decirnos: Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él (Pr. 22:6).
Tomado del El Sembrador.
lunes, 2 de julio de 2018
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