jueves, 23 de abril de 2020

Dar a Dios con propiedad



Vamos a considerar en 1° Corintios 16, versículos 1 a 4.
Una de las metas que tenía Pablo para su tercer viaje misionero fue levantar fondos para ayudar económicamente a los creyentes pobres de Jerusalén. Romanos 15:25-26 nos habla de esto: «Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén
Esto permitió a Pablo dejar importantes principios que rigen el dar, no sólo para ayudar a los pobres, sino para satisfacer las necesidades de la iglesia en general. Si una iglesia está interesada en saber cómo se debe ser el dar al Señor, es necesario que ponga mucha atención en esos principios que Pablo ha dejado. Esto también nos debe hacer pensar, en que el dar, debe ser muy importante para Dios, como para que haya dejado tantos principios que debemos seguir, sin embargo, es triste que muchos de nosotros, tomamos el dar tan ligeramente, pensando que solamente es cuestión de meter la mano al bolsillo, sacar unas cuantas monedas y depositarlas en el plato de la ofrenda.
Miremos con atención a los principios para el dar que Pablo nos deja en el pasaje bíblico que tenemos para nuestro estudio de hoy. 1 Corintios 16:1-4 dice: «En cuanto a la ofrenda para los santos, haced también vosotros de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. Y cuando haya llegado, a quien hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. Y si fuere propio que yo también vaya, irán conmigo.»
En este pasaje bíblico encontramos algunos principios que rigen el dar.
Primero, tenemos que reconocer que al ofrendar somos el medio para que Dios supla determinada necesidad. Los santos de Jerusalén estaban atravesando por profunda pobreza. A lo mejor esta pobreza fue el resultado de una hambruna que por esa época se abatió sobre Judea, o tal vez por la persecución que estaban padeciendo los creyentes en Judea. En todo caso, entre los creyentes de Jerusalén había gran necesidad. Dios sabía lo que estaba pasando y es natural que Dios trate de suplir esa necesidad.
Dios tiene a su disposición todos los medios imaginables para suplir esa necesidad, hasta podría hacer que lluevan billetes, pero en su gracia maravillosa, da a los creyentes la oportunidad de satisfacer la necesidad de otros creyentes y de la iglesia en general. Cada vez que entregamos una ofrenda, bien sea a la iglesia local, o a un ministerio, o a una persona en necesidad, estamos siendo instrumentos de Dios para satisfacer determinada necesidad. Dar es por tanto un privilegio. Pablo había dado instrucciones sobre cómo contribuir a ese fondo de ayuda a los necesitados en algunos lugares donde había estado, como en Galacia, por ejemplo, y está por entregar las mismas instrucciones a los creyentes de Corinto.
En segundo lugar, el dar es un acto de adoración. Cada creyente que se reunía en la iglesia en Corinto debía venir a la reunión dominical preparado para dar su porción de esa semana. La iglesia primitiva se reunía el primer día de la semana, no el séptimo día de la semana. ¿Por qué? Pues, en conmemoración de la resurrección de Cristo. Recuerde que Cristo resucitó en un primer día de la semana. También en conmemoración de la venida del Espíritu Santo sobre la iglesia. Recuerde que el Espíritu Santo descendió por primera vez con poder sobre la iglesia, el día de Pentecostés, que coincide con el primer día de la semana.
Es muy lamentable notar que una buena porción de los creyentes entrega sus ofrendas por obligación y olvida que la ofrenda es en realidad un sacrificio acepto que se entrega en adoración al Señor. Filipenses 4:18 dice al respecto: «Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios» Dar debe ser un acto de adoración a nuestro Salvador resucitado y ascendido. Así como disponemos el corazón con anticipación para adorar al Señor en el culto dominical, también debemos disponer el bolsillo con anticipación para adorar al Señor en el culto dominical por medio de dar la ofrenda.
En tercer lugar, el dar debe ser sistemático. El texto habla de: «cada primer día de la semana». Eso significa: Cada domingo. No era cuestión de que un domingo si, otro domingo tal vez, otro domingo no, otro domingo si, etc. Pablo quería que como resultado de esta manera sistemática de dar, se tenga listo el fondo para la iglesia de Jerusalén, de modo que cuando Pablo llegue a Corinto, no sea necesario volverse locos para completar el fondo para la iglesia de Jerusalén. Si los creyentes practicaran el principio de ofrendar sistemáticamente, la iglesia no tendría que padecer necesidad como ocurre con tanta frecuencia.
En cuarto lugar, el dar debe ser personal e individual. Cada uno de vosotros, dice el texto. Como en cualquier iglesia local, en la iglesia en Corinto había creyentes ricos, creyentes ni tan ricos ni tan pobres y creyentes pobres. Sin embargo, cada uno de los creyentes debía dar algo al Señor. De esto aprendemos que el privilegio de dar no es sólo para ricos, sino también para los pobres. No estoy diciendo que todos los creyentes deben dar la misma cantidad, sino que todos los creyentes deben dar algo.
En quinto lugar, el dar debe ser proporcionado. En relación con el cuánto se debe dar, el Nuevo Testamento simplemente dice: Según haya prosperado. Esto significa en proporción directa a lo que el Señor haya dado al creyente. Los creyentes que tienen más, darán más, los creyentes que tienen menos darán menos. Jesús alabó a una viuda pobre que dio dos blancas, pero bien pudo haber condenado a un rico que hubiera dado dos blancas, porque no está dando conforme a lo que ha prosperado. En otra parte del Nuevo Testamento, se instruye a dar como se ha propuesto en el corazón. Note que no se fija determinado porcentaje, sino que se deja abierta la posibilidad para que el creyente sea tan generoso como quiera. Lo menos que se debería dar, tal vez sea el popular diezmo, pero lo deseable sería que alguien dé el 15, o el 20 o el 30 o el 50 o el 90 por ciento de sus ingresos. A más porcentaje, más promesa de bendición. 2 Corintios 9:6 dice: «Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.»
En sexto lugar, el dar debe ser preparado con anticipación. El texto dice: Ponga aparte algo. Durante la semana, el creyente debe ir apartando lo que va a entregar como ofrenda el domingo, de modo que el momento de recoger la ofrenda, no se vea en la obligación de decidir en ese instante cuánto va a dar. Con demasiada frecuencia se ve en las iglesias locales, una total falta de preparación de la ofrenda que se va a entregar al Señor, al punto que inclusive algunos creyentes se atreven a solicitar cambio. Usted sabe, quieren dan un dólar, pero tienen sólo un billete de cinco dólares. Pues ponen el billete de cinco dólares y demandan cuatro dólares de cambio. ¡Qué vergüenza! ¡Qué falta de preparación! Es preferible no dar a hacer este ridículo.
En séptimo lugar, el dinero que se recoge debe ser manejado con absoluta honestidad. Después de los problemas de inmoralidad sexual, los problemas más comunes en las iglesias locales son los de malos manejos del dinero que los creyentes entregan como ofrenda. Pero note lo que Pablo recomendó a los creyentes en la iglesia de Corinto. Debían guardar el dinero que recogían.
Esto significa poner en un lugar seguro, de modo que nadie que no esté autorizado, tenga acceso a ese fondo. Por otro lado, Pablo habla de que la iglesia de Corinto debía designar por carta, a los que iban a llevar el donativo a Jerusalén. Inclusive, si fuera propio, Pablo estaba dispuesto a formar parte de ese grupo. Esto habla de un manejo diligente y transparente de los fondos de la iglesia. Siempre será riesgoso que sea una sola persona quien maneje los fondos de una iglesia. Debe haber más de una, por la elemental razón de seguridad de todos.
El diablo es muy astuto para incentivar la codicia aun en los creyentes más maduros. Para evitar sorpresas desagradables hace falta tener un buen sistema de contabilidad, para saber cuánto se recibe, cuánto se gasta, cuánto es el saldo. Los líderes son los que establecen un presupuesto y aprueban los gastos que sobrepasan determinado nivel, pero es aconsejable que sean los diáconos quienes se encarguen de administrar la ofrenda de la iglesia. Como habrá notado, lo que se da a la iglesia en calidad de ofrenda, demanda que se sigan al menos estos principios fundamentales. Si se violan estos principios, la iglesia local siempre vivirá en necesidad y los creyentes perderán la bendición resultante de dar al Señor como él se merece.


martes, 14 de abril de 2020

¿Cómo se debe ofrendar?


Veamos cuáles son los principios que el Nuevo Testamento provee acerca de ofrendar. Para ello, permítame citar el texto en 2 Corintios 9:7. La Biblia dice: Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza,  ni por necesidad,  porque Dios ama al dador alegre.
En primer lugar, la ofrenda es un privilegio de todos y cada uno de los creyentes.Cada uno dé”; No sólo de los ricos, no sólo de los creyentes que llevan años en el evangelio, no sólo de los maduros en la fe. Una de las primeras cosas que todo creyente debe aprender tan pronto recibe al Señor Jesucristo como Salvador, es justamente ofrendar.
En segundo lugar, la ofrenda debe ser como se haya propuesto en el corazón. “como propuso en el corazón”; Esto significa que el ofrendar es un asunto privado, en el cual interviene única y exclusivamente el que ofrenda y Dios.
Además, es un asunto premeditado, o decidido con anticipación. Nadie debería ofrendar impulsivamente como lamentablemente muchos de nosotros hicimos en el pasado o seguimos haciendo en el presente. Me refiero a esto de dar al Señor como ofrenda lo que se nos ocurre el instante que se está recogiendo la ofrenda. No debe ser así. Lo que se ofrenda al Señor debe ser un asunto planificado con anticipación, el resultado de un acuerdo previo con el Señor. Ningún creyente debería ir al culto dominical sin saber de antemano cuánto va a ofrendar al Señor.  
En tercer lugar, la tristeza no debe tener parte cuando se ofrenda. El texto en 2 Corintios 9:7 dice textualmente: No con tristeza. Cuando se entiende que ofrendar es un privilegio que beneficia más al que ofrenda que a quien recibe esa ofrenda, no hay lugar para el pesar, o la queja o la incomodidad.  El texto en 2 Corintios 9:7 dice que “Dios ama al dador alegre”. Si no es con alegría es mejor no ofrendar al Señor.
En cuarto lugar, el ofrendar no debe ser por necesidad. ¿Qué significa esto? Pues simplemente significa que nadie debe sentirse obligado a ofrendar, así como también, nadie debería obligar a otros a ofrendar.
                                    
El quinto principio es necesario considerar el texto que encuentra en 1 Corintios 16:2. La Biblia dice: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo,  según haya prosperado,  guardándolo,  para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”.
La ofrenda debe ser parte de lo que se realiza durante el culto dominical en una iglesia local. La Biblia da evidencia en cuanto a que la ofrenda es parte de la adoración al Señor.  
Finalmente, en sexto lugar, la ofrenda debe ser proporcional a lo que se haya prosperado. La cantidad que se debe ofrendar es: según, o conforme haya prosperado. El Nuevo Testamento no establece una cantidad fija, o un porcentaje determinado para ofrendar al Señor. La cantidad es voluntaria, tomando en cuenta lo que se haya prosperado.
En el Antiguo Testamento, los judíos estaban obligados por la Ley de Moisés a dar dos diezmos completos y un tercer diezmo cada tres años. Es decir que la ley de Moisés obligaba a devolver a Dios un poco más que el 23% de lo que se ha prosperado. La pregunta que yo siempre me hago a mí mismo es la siguiente: Si bajo la ley daban al Señor más del 23% de sus ganancias, hoy que vivimos bajo la gracia, algo mucho mejor que bajo la ley, ¿deberíamos estar dando menos que ellos?


“Alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas”.


“Alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas”. (Isaías 54: 2)
Alex Dryburgh, Ontario
La mayoría de los cristianos conocen y disfrutan la verdad de Isaías 53. Menos conocen y disfrutan de la verdad de Isaías 54. Si no hubiera existido Isaías 53, entonces no habría existido Isaías 54.
La verdad de esas siete palabras, “Alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas", nos gustaría rastrear en los evangelios, en los Hechos de los Apóstoles y luego en las epístolas.
Cuando pensamos en alargar las cuerdas, estamos pensando en predicar el evangelio. Cuando pensamos en reforzar lo que está en juego, estamos pensando en ministrar la palabra. Habiendo estado en asambleas por 49 años, uno mira hacia atrás y piensa en asambleas que alargaron las cuerdas, pero no reforzaron las estacas. También podemos pensar en asambleas que reforzaron las estacas pero no alargaron las cuerdas. Ambos son malos balances, porque Dios odia la holgura y la legalidad.
Aumenta el tamaño de las cuerdas.
Se ha dicho a menudo, pero aún debe repetirse: "Si no evangelizamos, nos fosilizaremos." En el evangelio de Marcos vemos la verdad de alargar las cuerdas. "Vete a casa con tus amigos" (Marcos 5: 19). Vaya por el pueblo "(Marcos 11: 2) 'Vaya a la ciudad" (Marcos 14:13). "Vaya por todo el mundo" (Marcos 16:15). Recuerde, Dios lo hará No enviemos a un hombre a través del mar antes de enviarlo al otro lado de la calle. Al considerar la comisión, no solo tenemos la idea de alargar las cuerdas, sino que también tenemos la verdad de reforzar las estacas. Tenemos que hacer discípulos Predicando, y tenemos que marcarlos por el Bautismo, luego los moldeamos por la Enseñanza.
Cuando nos acercamos a los Hechos de los Apóstoles y cuando pensamos en la iglesia primitiva, tenemos la idea de alargar las cuerdas y reforzar las estacas. La iglesia primitiva era una iglesia de oración. No solo oraron, sino que predicaron. "No dejaron de enseñar y predicar que Jesús era el Cristo". Así alargaron las cuerdas. Pero también reforzaron las apuestas. Perseverando firmemente en la doctrina de los apóstoles y la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones.

El apóstol Pablo fue un hombre que no solo alargó las cuerdas sino que también reforzó las estacas. Al venir a Roma su deseo era que pudiera tener fruto entre ellos. Aquí tenemos la idea de alargar las cuerdas.
Luego agrega ' Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; " Romanos 1:11, lo que conlleva el pensamiento de reforzar lo que está en juego.
Pablo habla de que él mismo es un predicador y un apóstol, que transmite el pensamiento de alargamiento de Las cuerdas. Luego agrega "un maestro" que indica la idea de reforzar las estacas. Esas dos verdades se ven bellamente en Hechos 20. Él habla acerca de testificar a los judíos y los griegos, el arrepentimiento a Dios y la fe en el Señor Jesucristo. Para testificar del evangelio de la gracia de Dios, Pablo también nos dice en ese capítulo que él es puro de la sangre de todos los hombres.
Así que en estos versos vemos el pensamiento de alargar las cuerdas. En el mismo capítulo, Pablo dice: “porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios”. (20:27). También dice: " Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno" (20:31). Y en estos versos tenemos la idea de reforzar las estacas.
Pablo era un hombre que tenía ambición. En un mundo donde los hombres son ambiciosos por la fama, el poder y la riqueza, Pablo era ambicioso por tres cosas:
1.    Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables”. (2 Cor. 5: 9).
2.    " Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres." (Hechos 24:16).
3.    " Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno" (Rom. 15:20).
Entonces, en las ambiciones de vida de Pablo, lo vemos alargando las cuerdas y reforzando las estacas.
Cuando consideramos la Iglesia de los tesalonicenses, vemos una asamblea que alargó las cuerdas. "Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada;" (1 Tes. 1: 8). Alargaron las cuerdas, pero también las vemos como una iglesia que está esperando, trabajando, caminando y luchando, por lo que también reforzaron las estacas.
Las asambleas de hoy necesitan hombres con una carga. No sirve de nada hablar con los pecadores si no tienes una carga por sus almas. Pablo dice: " ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.". Romanos 10:1. No tiene sentido hablar con los santos si usted no tiene una carga. Los hombres que necesitamos en la plataforma son hombres que tienen algo que decir, no hombres que quieren decir algo.
Necesitamos hombres de comportamiento, hombres como José, que se comportaron piadosamente; hombres como David, que se comportaron sabiamente; hombres como Jacob, que se comportaban de manera principesca; y hombres como Pablo, Silas y Timoteo, de los cuales se dice: "Con cuánta santidad, justicia e iniquidad nos comportamos entre ustedes que creen".
Necesitamos hombres de belleza. No la belleza de la cara, sino la belleza de los pies. " ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!" (Romanos 10:15).
Necesitamos hombres de equilibrio en nuestras asambleas. "Alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas".


Características de nuestro dar al Señor



Honrar al Señor con los bienes y con las primicias de todos nuestros frutos es sin duda algo muy importante para el Señor. Sólo así se explica la cantidad de enseñanza que contiene la Biblia sobre este asunto. El dar al Señor es una muestra de la sinceridad de nuestro amor al Señor y a los amados del Señor. También, dar al Señor es una muestra de que tenemos en orden nuestras prioridades. En otras palabras, que el dinero y los bienes materiales en general no son lo más importante en nuestra vida.
Notemos que debemos dar al Señor periódicamente y planificadamente.
1 Corintios 16:2 dice: Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.
Como antecedente debemos indicar que la iglesia de Corinto reconoció la necesidad por la cual estaban atravesando los creyentes de Judea y como iglesia decidieron levantar fondos para socorrer al necesitado. Pablo, el apóstol, está dando instrucciones sobre cómo realizar este trabajo de levantar estos fondos. Con esto en mente dice en la primera parte del versículo leído: “Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo”.
La idea es que dar al Señor no debería ser algo esporádico, sino algo periódico y muy bien planificado. El dar al Señor debe hacerse cada Domingo. El Domingo es el día que el Señor ha señalado para hacer las cuentas de los ingresos económicos y determinar la cantidad a dar, conforme se haya prosperado. Este fondo debe ser puesto aparte para no tocarlo sino el momento que se lo deposite en el fondo de ofrendas en la iglesia. Las Escrituras no hablan mucho de lo que el creyente debe hacer en los días Domingo, excepto que debe reunirse con otros creyentes en adoración al Señor y poner aparte su ofrenda para depositarla en el fondo de ofrendas en la iglesia.
Aunque no debemos convertirnos en ritualistas en esto de dar al Señor cada primer día de la semana, tampoco debemos tratar este asunto con ligereza. Se trata de un mandamiento del Señor al cual debemos prestar toda la atención posible. Además, el primer día de la semana ofrece una mejor ocasión para que, apartados de las distracciones y deberes de la semana, reflexionemos más clara y cuidadosamente sobre este asunto importante.
Así que, el dar al Señor no es cuestión de meter la mano al bolsillo el momento que se va recoger la ofrenda y depositar lo que salga en el fondo de ofrenda. Desgraciadamente siempre sale el billete o la moneda de menor valor. Los billetes o monedas de mayor valor tienen una extraña habilidad para escabullirse en la billetera o en el bolsillo. Cuesta mucho localizarlos, tomarlos y sacarlos para entregarlos en la ofrenda. El dar al Señor debe ser algo planificado con anterioridad cada primer día de la semana, de modo que en el bolsillo designado se ponga solamente lo que hemos acordado dar al Señor.
De esta manera no será necesario mirar de reojo a la billetera para pescar algún billete, y peor aun pedir cambio a la persona que está recogiendo la ofrenda. Esto no es sino falta de planificación oportuna para este importante acto de adoración al Señor. Permítame también recalcar sobre el hecho de poner aparte algo, lo cual leímos hace poco. Esto significa un acto consciente por el cual delante del Señor decimos: Dios, tú me has prosperado de esta manera, aquí está lo que es tuyo. Lo pongo aparte y no lo voy a volver a tocar hasta que sea el momento para depositarlo  donde se recoge la ofrenda. Esto evitará el error tan frecuente de pedir un préstamo, entre comillas, al Señor para satisfacer alguna necesidad urgente.
El dinero que es del Señor y que ha sido puesto aparte, es sagrado. Pertenece al Señor. No podemos gastarlo en satisfacer nuestras necesidades por más urgentes que sean. Cuidado con ser hallados robando algo que pertenece al Señor. Además de dar al Señor periódicamente y planificadamente, debemos dar al Señor proporcionadamente. Esto tiene que ver con la cantidad que vamos a dar al Señor. En 1 Corintios 16:2 leímos que cada primer día de la semana cada uno de nosotros tenemos que poner aparte algo, según hayamos prosperado.
El autor Charles Ryrie explica este asunto de esta manera, y lo cito textualmente. Dice así: NO se halla regla fija y firme sobre la cantidad en los principios del Nuevo Testamento sobre el dar. Eso constituye un claro contraste con las normas del Antiguo Testamento que requería dar el diezmo de todo a los levitas, según se ve en Levítico 27:30-33, quienes a su vez, entregaban el diezmo de lo que recibían a los sacerdotes. Además, los judíos entendían que un segundo diezmo, que era la décima parte de las nueve restantes, tenía que ponerse aparte y consumirse en una comida sagrada en Jerusalén según Deuteronomio 14:22-26. Mas aún, cada tercer año, debía entregarse otro diezmo para los levitas, extranjeros huérfanos y viudas, según Deuteronomio 14:27-29.
De este modo, la proporción quedaba claramente establecida y cada israelita estaba obligado a entregar al Señor aproximadamente el 23% de sus ingresos anuales. En contraste con esto, el Nuevo Testamento dice simplemente “según haya prosperado” Esto puede significa un 8 o 12 o 20 o 50 o 100 por ciento, cualquier porcentaje según el caso individual.
Puede también significar una proporción variable de año a año, porque no hay razón para creer que la proporción conveniente de un año haya de ser la misma para el año próximo. Cuando llega la prosperidad, como sucede a muchos creyentes, debe emplearse para dar más y no necesariamente para comprar más cosas. Cada vez que el creyente da, ha de reflexionar sobre la bendición del Señor en su vida y determinar la proporción que, a su vez, debe devolver al Señor.
La variación de la proporción significa justamente eso, no un mero aumento o disminución de la cantidad que se da, sino un cambio en la proporción de lo que uno ha recibido. Hasta aquí la cita de este autor. Yo simplemente añado esto, amable oyente: Si en el Antiguo Testamento, cada israelita estaba obligado, entiéndase bien, obligado, a entregar al Señor un mínimo del 23 % según lo que ha dicho este autor, ¿podemos nosotros conformarnos con dar solamente un 10% y pensar que con eso ya hemos hecho más que suficiente?
La respuesta la tiene usted, y tengo también la mía. La historia de la iglesia tanto en el lejano pasado como en lo no tan lejano, registra numerosos casos de este principio. Permítame compartir algo que ocurrió no hace mucho tiempo. A la edad de 16 años, un joven llamado William salió de su casa en busca de fortuna. Todas sus posesiones cabían en un atado que lo llevaba a la mano. En su caminar hacia la gran metrópoli de New York se encontró con un viejo capitán de marina. William le contó que su padre era muy pobre para seguir manteniéndole en casa y que por eso se había visto forzado a salir y que lo único que sabía hacer era jabón y velas. Al oír esto, el viejo marinero se arrodilló allí mismo y clamó al Señor por la vida de este joven. Luego le dio este consejo: Alguien muy pronto llegará a ser el líder la fabricación de jabón en New York. Podrías ser tú o podría ser algún otro. Sé un buen hombre, rinde tu corazón al Señor, devuelve al Señor todo lo que a él le pertenece, fabrica el mejor jabón que puedas, véndelo a un precio justo y con el peso justo y estoy seguro que serás un hombre rico y próspero.

Ya en New York, el joven recordaba las palabras del viejo marinero y aunque no tenía nada y estaba solo, buscó una iglesia para congregarse. Del primer dólar que ganó dio el 10% al Señor. Consiguió empleo en una fábrica de jabón. Pronto se volvió socio de la fábrica. Más tarde llegó a ser el único dueño de la industria.
Fabricaba buen jabón, lo vendía al precio justo y el peso justo y dio instrucciones precisas a su contador para que abra una cuenta bancaria y deposite en ella la 10% de todas sus ganancias para el Señor. El negocio prosperó increíblemente y ya no apartaba para el Señor el 10% sino el 20%, luego el 30% y así sucesivamente hasta que finalmente se encontró dando al Señor todas sus ganancias. Esta es la historia de William Colgate, quien ha dado millones de dólares para la obra del Señor. Esto es dar proporcionadamente según se haya prosperado.

¿Cómo debería ser la estructura administrativa de una iglesia verdadera




La estructura más básica de una iglesia local aparece en Filipenses 1:1. La Biblia dice: Pablo y Timoteo,  siervos de Jesucristo,  a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos,  con los obispos y diáconos:
En una iglesia local debe haber santos. Esto se refiere a los creyentes que allí se congregan. También debe haber obispos. La palabra obispo, es la traducción de la palabra griega “episcopos” que significa un sobreveedor. Las palabras “pastor” y “anciano” son palabras sinónimas. Es decir que, obispo, pastor y anciano, son tres palabras para designar a una misma persona en la iglesia local.
En toda iglesia debe haber más de un pastor, u obispo o anciano. Muy bien. Además de los santos y los obispos, debe haber diáconos. La palabra “diácono” significa uno que está para servir. Son los que se ocupan de las tareas manuales en la iglesia local. Siempre debe haber más de uno.
Los pastores ejercen el liderazgo en la iglesia local. Los diáconos se ocupan de lo material bajo la supervisión de los pastores. Los santos se siguen al liderazgo de los pastores. Una de las áreas en la cual se presentan muchos conflictos en la iglesia local es en las finanzas. Por ahora no me referiré a las formas legítimas de cómo una iglesia local obtiene sus fondos para subsistir, sino más específicamente a la forma como se manejan esos fondos.
En este sentido, es bueno que los pastores de la iglesia local, con ayuda de los diáconos preparen un presupuesto anual, en el cual consten los posibles ingresos y los posibles egresos. Una vez aprobado este presupuesto, deberían ser los diáconos, quienes, utilizando el presupuesto como guía, simplemente lo ponen en ejecución.
Por regla general, los pastores, obispos o ancianos, no deberían tocar en absoluto los fondos de la iglesia local. Serán los diáconos quienes cuentan el dinero que ingresa a las arcas de la iglesia local, quienes depositan esos fondos en un banco, quienes efectúan los pagos que sean necesarios, y quienes llevan una contabilidad estricta de todo el movimiento económico.
Al menos mensualmente, los diáconos deberían presentar un informe económico a los pastores, de modo que estén bien informados de la situación económica de la iglesia local.
El Nuevo Testamento advierte acerca del peligro de obtener riquezas deshonestas con el pretexto de ejercer el oficio de pastor, obispo o anciano. Hablando de los requisitos de los que aspiran ser pastores, note lo que dice 1 Timoteo 3:3  no dado al vino,  no pendenciero,  no codicioso de ganancias deshonestas,  sino amable,  apacible,  no avaro;
Es fácil detectar si los pastores en una iglesia local están obteniendo ganancias deshonestas. Solamente mire su nivel de vida. Si ve que está muy por encima del nivel de vida de la mayoría de los hermanos de una iglesia local, es muy obvio que estos pastores ya no están viviendo para las ovejas sino de las ovejas.


viernes, 3 de abril de 2020

¿DEBEMOS DAR LOS DIEZMO O SOLAMENTE OFRENDAR?


¿DEBEMOS DAR LOS DIEZMO O SOLAMENTE OFRENDAR?
Respondiendo a una pregunta en cuanto a si la iglesia está obligada a entregar diezmos, indiqué que la palabra “diezmo” aparece una sola vez en los cuatro evangelios, específicamente en el Evangelio de Lucas, capítulo 18 versículo 12 hablando de lo que practicaba un fariseo del tiempo de Jesús, quien daba diezmos de todo lo que ganaba. La palabra “diezmo” aparece también siete veces solo en el capítulo 7 de Hebreos, con relación a lo que el pueblo de Israel tenía que cumplir conforme a la ley de Moisés.
En cuanto al verbo “diezmar” aparece solo dos veces en el Nuevo Testamento, en Mateo 23:23 y Lucas 11:42 con relación a lo que hipócritamente practicaban los escribas y fariseos en el tiempo de Jesús.
Es decir que no existe un solo pasaje bíblico que de una forma clara y directa ordene a la iglesia a diezmar o entregar diezmos.
Pero por contraste, el Nuevo Testamento contiene abundante información acerca de la manera como debemos dar al Señor lo que conocemos como ofrenda. A manera de ejemplo tenemos Romanos 15:26 donde dice: “Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén”.
Otro ejemplo, 1 Corintios 16:1-2 donde dice. “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”.
Un ejemplo más.   2 Corintios 8:20 dice: evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos. Esto es lo que se dijo al responder la pregunta sobre si la iglesia está obligada a diezmar. Ahora bien, ¿Cuál es la conclusión sobre la base de lo que se ha señalado en cuanto al diezmo y la ofrenda?
Básicamente existen dos posiciones.
La primera posición es que el Nuevo Testamento no ordena diezmar a la iglesia porque asume que diezmar es una práctica que se debe mantener por el hecho que era algo que había sido establecido en el Antiguo Testamento aun antes que entre en vigor la ley que Dios dio a Israel por medio de Moisés. Esto en esencia significa que la iglesia debe diezmar.
La segunda posición es que la iglesia no debe diezmar sino ofrendar y que la ofrenda no debe limitarse a un diez por ciento sino superar con creces el diez por ciento de acuerdo con los principios que aparecen en el Nuevo Testamento como dar con generosidad:
·        según 2 Corintios 9:6, dar según se haya propuesto en el corazón,
·        según 2 Corintios 9:7, dar con alegría, según el mismo versículo, dar no por necesidad, también en el mismo versículo, dar con agrado conforme a las fuerzas y aún más allá de las fuerzas, es decir dar sacrificialmente,
·        según 2 Corintios 8:3, dar periódicamente, como dice 1 Corintios 16:1.
Conozco buenos y fieles hermanos que defienden la primera posición, pero también conozco buenos y fieles hermanos que defienden la segunda posición. “Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo” 2 Timoteo 2:7.  Que Dios en su gracia le guíe a formar sus propias convicciones sobre este asunto.
        



La pregunta del día de hoy es la siguiente:
¿Es correcto que se puede poner nombre a una ofrenda que se hace a Dios para que Dios conceda aquello que se ha nombrado? He oído que esto enseña Deuteronomio 14:26
No, no es correcto. Deuteronomio 14:26 no enseña eso. Leamos este texto. “y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.”
Según la ley de Moisés todo varón de Israel tenía que tomar un diezmo y llevarlo al tabernáculo o al templo para comerlo allí. Pero ¿qué pasaba cuando un varón de Israel vivía demasiado lejos del lugar donde estaba el tabernáculo o el templo? Hubiera sido muy difícil que un varón de Israel haga un largo viaje tanto con su familia y su diezmo de productos o de animales a cuestas.
En ese caso, la ley de Moisés permitía al varón de Israel a vender su diezmo, allí donde vivía, bien sea del grano, o del vino, o del aceite, o las primicias de sus manadas, o del ganado, y tomar el dinero producto de la venta, para llevarlo al lugar donde estaba el tabernáculo o el templo. ¿Qué debía hacer el varón de Israel cuando llegaba al lugar donde estaba el tabernáculo o el templo, con el dinero por lo que había vendido el diezmo en el lugar distante donde él vivía? Moisés instruyó a los varones de Israel a usar el dinero de la venta del diezmo, para comprar cualquier cosa que quería comer delante de Jehová su Dios. A esto se refieren las palabras de Moisés cuando dice: Y darás el dinero por todo lo que deseas. Si el varón de Israel quería comer junto con su familia, vacas u ovejas, o vino o sidra, podía usar el dinero de lo que vendió el diezmo para comprar cualquiera de estas cosas.
Como notará, esto es un mandato para Israel y no para la iglesia. Si tuviera que ver con la iglesia, sería imposible que podamos cumplir con eso. No existe tabernáculo ni templo de Jerusalén hoy en día. De modo que, Deuteronomio 14:26 no se puede usar de ninguna manera para fundamentar la práctica de poner nombre a lo que damos como ofrenda al Señor, es decir, esta ofrenda doy al Señor, con el nombre de auto nuevo, o casa nueva, o título universitario, o salud para mí o para alguien diferente, y Dios está obligado a concederme aquella cosa que he nombrado a mi ofrenda.
Esto sería como comprar a Dios y Dios jamás ha estado en venta. No es correcto extorsionar a Dios diciéndole: Te doy esta ofrenda, pero con la condición que concedas mi petición.
Es perfectamente válido pedir cosas a Dios, inclusive cosas que deseamos, pero siempre debemos tener en mente que Dios es Dios y como tal, se reserva el derecho de conceder nuestros deseos conforme a su voluntad soberana. Por eso es conveniente discernir la voluntad de Dios y pedir a Dios aquellas cosas que son su voluntad.
Si hacemos esto, Dios ha prometido concedernos lo que pedimos. Note lo que leo en 1 Juan 5:14-15. La Biblia dice: Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.


Serie: Mandamiento Bíblico

Estos son los animales que comeréis,   no comeréis éstos:”, v. 2-3. Levítico 11. 1-8, 43-47; 1 Timoteo 4, 3-4. Leer. En Levítico 11 tene...