domingo, 25 de agosto de 2019

¿Con quién es la lucha?


¿Con quién es la lucha?


“Y cuando David llegó a Siclag, envió del botín a los ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: He aquí un presente para vosotros del botín de los enemigos de Jehová” (1ª Samuel 30:26) 
 
David era un guerrero. Durante toda su vida estuvo envuelto en luchas y guerras, y dondequiera que iba Dios le daba la victoria. El Nuevo Testamento compara al creyente con un soldado.

Es visto como un soldado disciplinado y, por lo tanto, no “se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2ª Timoteo 2:4). Es visto como un soldado sufrido, “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo” (2ª Timoteo 2:3). Es visto como un soldado preparado, “Vestíos de toda la armadura de Dios” (Efesios 6:11). Y, también, es visto como un soldado luchando, “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades”(Efesios 6:12).

Pero, si algo tenía en claro David, es quién era su enemigo. Los enemigos de David eran los enemigos de Dios, no era el pueblo de Dios. En varias ocasiones, en la vida de David, fue rechazado o traicionado por personas del propio pueblo de Israel (1ª Samuel 22:9; 23:12, 19). Dos veces perdonó la vida de Saúl, aunque sus soldados le decían a David que Saúl era “su enemigo”. David nunca consideró a Saúl su enemigo, ni quiso pelear contra él. Saúl, por el contrario, se ocupó en David y descuidó sus verdaderos enemigos, los filisteos, por lo que vemos que al final de su vida murió a manos de ellos. Cuando los del pueblo de Dios se pelean entre sí, el enemigo gana ventaja.

¿Con quién es la lucha del creyente? Qué triste ver que creyentes se ocupen en pelear unos con otros y descuidar al verdadero enemigo: el diablo, la carne y el mundo. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).
Miguel Mosquera

Pago inmerecido


Pago inmerecido 
 “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres... No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:17,21) 

La reacción natural del ser humano es devolver el mal que nos hicieron. Muchas veces no sabemos lo que somos capaces de hacer hasta que nos hacen algo realmente injusto. Es allí cuando comienzan los pensamientos: “Esto no se puede quedar así”; “no se imaginan cómo me sentí cuando me lo hizo, así que tengo que hacer que él sienta lo mismo”; “no es venganza, es darle su merecido”. Trazamos un plan para llevarlo a cabo. Insistimos hasta que logramos nuestro objetivo.
 
La misma ley lo contemplaba: “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie” (Éxodo 21:24-25). Sin embargo, el Señor nos enseñó un camino diferente. “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa” (Mateo 39-40).
 
Alguien podrá quejarse y decir, “¡eso no es justo!”. Puede que no lo sea, pero es lo que nos enseña el Señor. Él lo enseñó y lo practicó. “Cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23). Lo dejó en manos de Dios.
 
Ejemplos de estos abundan en las Escrituras. José cuando perdonó a sus hermanos. Moisés y su paciencia con el pueblo de Israel. El trato de David a Saúl. El Señor cuando fue rechazado por los samaritanos. Además, podemos agregar a esto las muchas veces que Dios mostró su bondad a quienes no lo merecían. Esto también lo puedes ver en tu propia vida, las muchas veces que Dios, en su gracia, no te ha dado lo que merecías, sino que ha obrado conforme a su bondad.
 
El apóstol Pablo nos exhorta: “¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?” (1 Corintios 6:7). No fue únicamente que el Señor no pagó conforme a lo que le hicieron, sino que fue más allá, haciendo bien a quienes le hicieron mal. Le despreciaron y le llevaron a la cruz, pero para nosotros es dado perdón y salvación. Tú y yo hemos entrado en el beneficio de su gracia y amor, aunque no lo merecemos. Hagamos lo mismo. 

martes, 20 de agosto de 2019

Venciendo la mediocridad


Venciendo la mediocridad
"Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo" (Filemón 21) 
La pereza y el conformismo no conviene a los hijos de Dios. La diligencia es lo que debe caracterizar al creyente. 
Considerar la vida de Cristo hará darnos cuenta que Él siempre fue obediente en todo. Su servicio a Dios fue perfecto, al punto de satisfacer el corazón del Padre en todos los aspectos de su vida. Dios lo presenta, por medio del profeta Isaías, diciendo: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento” (Isaías 42:1) ¡Qué gran Salvador tenemos! No podríamos decir de Cristo que Él debió dar más de lo que dio, o que debió hacer más de lo que hizo. Esto no es posible. Su obediencia fue perfecta.
Pero en cuanto a nosotros, siempre podremos dar más. Conformarnos con hacer lo que nos dijeron que hiciéramos, o con el mínimo requerido, no es bueno. Pablo sabía que Filemón iba a dar más de lo que le estaba rogando. ¿Por qué estaba tan seguro? Porque conocía a Filemón y había escuchado, “del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos” (Filemón 5). 
En el mundo, hay quienes, por la ambición al éxito o al dinero, desean dar más en sus trabajos y profesiones. La ambición los estimula. ¿Qué estimula a un cristiano? El amor al Señor Jesús y el amor a su pueblo. Ser como Él, agradarle a Él; esto es lo que nos mueve. 
Algunos prestan servicio al Señor por mera obligación, otros lo hacen con profunda devoción. Puede ser que los primeros, a duras penas, hagan lo que se les pide. Los segundos harán lo que se les pide y aún más. La razón a dar más no es para impresionar al Señor, sino que debe venir de un corazón que ama a Cristo. 
Uno que ama a Cristo, y al pueblo de Dios, estará dispuesto a hacer y dar más para el Señor. “La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Amén” (Efesios 6:24). ¿Es así como amo al Señor? ¿Con amor inalterable? Es así como debe ser. Así es como el Señor me ama a mí. 

Da lo mejor al Maestro,
ríndele fiel devoción;
sea su amor tan sublime
el móvil de cada acción.
Puesto que al único Hijo
dionos el Padre de amor,
sírvele con alegría;
dale de ti lo mejor.

Miguel Mosquera


Bosquejos Bíblicos Epístola de Santiago

Santiago
Perfección en la Epístola de Santiago
1 El don perfecto de Dios Stg 1.17
2 La perfecta ley de la libertad Stg 1.25
3 La perfecta obra de la paciencia Stg 1.4
4 La fe perfeccionada por las obras Stg 2.22
5 El hombre perfecto por refrenarse Stg 3.2
T.B.

Que cada hombre sea
PRONTO para oír: el oído en sujeción
TARDO para hablar: la lengua en sujeción
TARDO para airarse: el temperamento en sujeción
DESECHAR toda inmundicia y abundancia de malicia Stg 1.19, 21
T.D.W.M.

Cómo se produce la convicción
1 Por la ley de Dios, cuando se conocen los requisitos de Dios Stg 2.9
2 Por nuestra propia conciencia, cuando se oye la voz Dios Jn 8.9; Ro 2.14, 15
3 Por la Luz que vino al mundo, Jesucristo Jn 3.20
4 Por el Espíritu Santo, el Consolador, directamente Jn 16.8
5 Por el Espíritu Santo por medio de las vidas de los santos de Dios Ef. 5.11
6 Por el Señor en su iglesia, por medio de su castigo He. 12.5; Ap 3.19
7 Por la Palabra fiel hablada por los ancianos en la asamblea Tit. 1.9
8 Por el Señor Jesús a su regreso Jud. 15; Ap 1.7

 Tomado del libro: Bosquejos Bíblicos

Dios sigue teniendo la razón


Dios sigue teniendo la razón

René Malgo

Es notable observar en qué momento fueron encontrados los rollos de las Escrituras en Qumrán. Como el comunicador científico Alexander Schick me contó, un profesor judío compró los primeros rollos el 29 de noviembre de 1947, el día en que la ONU votó la fundación del Estado judío. ¡No puede haber mayor simbolismo!

Los hallazgos en Qumrán demuestran la fidelidad de la transmisión del Antiguo Testamento. Además, nos recuerdan el hecho de que Dios no desechó para siempre a Su pueblo Israel, como sostienen algunos teólogos cristianos. Las promesas de los profetas judíos siguen siendo válidas, como, por ejemplo, las palabras que Dios dijo por boca del profeta Jeremías:
“Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente” (Jer. 31:35-36).

De la misma forma en que es imposible destruir al sol, la luna y las estrellas, es imposible destruir al pueblo de Israel. Lo dice el Dios del Antiguo y del Nuevo Testamento. Y los rollos de Qumrán, encontrados cerca del mar Muerto, confirman visiblemente, y ante el mundo entero, que Él y Sus testimonios son muy fidedignos.

Gerald Bray, teólogo e historiador anglicano, contó a sus estudiantes que gracias a la arqueología muchos teólogos volvieron a una posición más conservadora, al constatar que los hallazgos arqueológicos coincidían exactamente con los relatos bíblicos. Dios ha tenido la razón, Dios sigue teniendo la razón y Dios siempre tendrá la razón.

Por eso, los hallazgos de Qumrán también nos muestran que las profecías bíblicas sobre el tiempo final son fidedignas. De la misma forma en que es cierto que el Señor Jesucristo, que vino a la tierra hace 2,000 años, es el Mesías a quien se esperaba en el Antiguo Testamento y es Dios, también es cierto que este Señor volverá, exactamente como Él lo prometió.

En el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, Dios el Señor dice que hará todo nuevo, no solamente para Israel, sino para el mundo entero, es decir, para todos los que creen en el Mesías Jesús (comp. Apocalipsis 21:5,7; 5:5,6,9; 7:4-12). Dios promete que hará un nuevo cielo y una nueva tierra, donde Él morará para siempre con los hombres y los iluminará, y donde Sus siervos reinarán por los siglos de los siglos (Apocalipsis 21:1,3; 22:5). Y dos veces, al final del libro, se destaca esta expresión, una vez por boca de Dios el Padre y otra vez por boca de un ángel: “Estas palabras son fieles y verdaderas” (Ap. 21:5; 22:6).

Lo que Dios promete, también lo hará. “Palabras fieles y verdaderas”: hoy el mundo está revuelto y totalmente descontrolado. Crecen otra vez la hostilidad frente a Israel, y los hostigamientos y las persecuciones contra los cristianos, el islamismo militante se despliega cada vez más, y la inestabilidad política del Occidente va en aumento… Sin embargo, al final de todas las cosas, habrá una nueva creación.


Al final de todas las cosas, Dios vencerá. Al final de todas las cosas, Satanás será aplastado. Pablo dice, incluso, que el Dios de paz lo aplastará en breve bajo nuestros pies (comp. Romanos 16:20). ¡El tiempo está cerca! “Ciertamente vengo en breve”, dice nuestro Señor en Apocalipsis 22:20. También estas palabras son “fieles y verdaderas”. Él vendrá, “y con él todos los santos”. Entonces Él “será rey sobre
toda la tierra” (Zac. 14:5.9). ¡Maranata, nuestro Señor viene!

Tomado de la revista Llamada de Medianoche
Octubre 2018.

El Reino de Dios.


El Reino de Dios.
Fredi Winkler.
Es interesante que la expresión reino de Dios no aparezca en el Antiguo Testamento, pero sí con mucha frecuencia en el Nuevo, ocupando un lugar central, especialmente en los Evangelios. El mensaje de Jesús –y antes de él, el de Juan el Bautista– ha sido muchas veces denominado el evangelio del reino de Dios.

El reino de Dios era un tema de mucha importancia para el judaísmo de aquel entonces, a
pesar de que predominaban ideas al respecto por completo equivocadas. Podemos apreciarlo en el encuentro de Cristo con Nicodemo (Jn. 3).
En este pasaje, el Señor Jesús enfatiza que el reino de Dios tiene dimensiones espirituales y que entrar a él solo es posible a través de un nuevo nacimiento espiritual, algo muy difícil de entender para Nicodemo. El Antiguo Testamento describe el reino de
Dios como un imperio mundial. Existen diferentes alusiones a este en los Salmos, como es el ejemplo del Salmo 72; también en el libro de Daniel se menciona varias veces el reino de Dios (4:35; 7:14, 18, 22, 27).

El judaísmo, sin embargo, tenía en general una comprensión limitada del reino de Dios, ligada al Estado nación judío-israelí. Los discípulos no eran la excepción en cuanto a esto. Incluso, después de la crucifixión y resurrección del Señor Jesús, justo antes de su ascensión, su pregunta más urgente era: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hch. 1:6). Para los apóstoles, la redención nacional de Israel seguía siendo lo más urgente. Entonces Jesús, con delicadeza, los dirigió desde su inquietud hacia lo que en verdad importaba en ese momento, es decir, el llamado a ser sus testigos hasta lo último de la Tierra. El reino de Dios sería un reino universal que incluiría a todas las naciones y reinos de este mundo.

Debido a su mentalidad formada por el judaísmo, parecía imposible para los apóstoles ejecutar la Gran Comisión. Sus ideas religiosas los limitaban y obstaculizaban. Dios mismo tuvo que intervenir en la vida de Pedro por medio de “la visión de los animales impuros”, con el fin de disponer su corazón a acompañar a los mensajeros del centurión romano Cornelio a su casa. Al llegar allí, dijo: “Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún
hombre llame común o inmundo” (Hch. 10:28).

A pesar de la extraordinaria lección que Dios enseñó a Pedro, tanto él como los demás apóstoles todavía no actuaban con la misma libertad que luego tendría el apóstol Pablo, el apóstol entre los gentiles.

Sin embargo, los prejuicios de los judíos contra los cristianos de las demás naciones seguían existiendo en forma latente. En especial, quienes venían de los fariseos no podían librarse de la idea de que los no judíos debían convertirse primero al judaísmo. Por esta razón, exigían que se circuncidaran. Pablo viajó a Jerusalén para aclarar de una vez por todas estos asuntos. Suscitaron acaloradas discusiones, hasta que Pedro, poniéndose de pie, se refirió a lo sucedido en la casa de Cornelio, diciendo que Dios no hacía diferencia entre los creyentes judíos y no judíos después de haber purificado sus corazones por la fe (Hechos 15:9).
En la actualidad, seguimos encontrándonos con hermanos en la fe que piensan que las distinciones externas, como la circuncisión, son importantes. Con esta actitud causan confusión. Pablo entendió el poder destructivo que albergaba esta discusión. Por ese motivo, hizo todo lo posible para esclarecer el problema.

En Gálatas 3, el apóstol lucha por encontrar las palabras adecuadas para exponer esta cuestión con toda claridad; luego escribe: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (v. 28).
El requisito para participar del futuro reino de Dios y de Cristo no tiene que ver con la cualidad externa, nacional u otra, sino con el nuevo nacimiento por el Espíritu de Dios. Muy agradecido por el Espíritu que nos une en Cristo, los saludo con un cordial shalom.

Tomado de la revista Llamada de Medianoche
Octubre 2018.

sábado, 10 de agosto de 2019

Filemón


Filemón
Una carta modelo
De las trece cartas que llevan la firma de Pablo:
·        nueve fueron escritas a iglesias locales y su contenido es doctrinal
·        tres fueron escritas a compañeros de trabajo y son prácticas y pastorales
·        una fue escrita a un amigo y es fraternal.
Esta carta a Filemón es la más corta y la única carta privada que Pablo escribió. Trata con un incidente de la vida doméstica. Se le ha llamado «un verdadero bocadillo en el arte de escribir cartas».
Es:
1 Un modelo de recomendación cristiana, recomendando al ladrón convertido ante
el amo a quien había robado (v. 18), recomendando a un fugitivo ante la familia
de la cual había escapado (v. 15), recomendando a una oveja que se había
descarriado ante un pastor subalterno, Arquipo (Col 4.17), recomendando a un
joven creyente a una iglesia local
2 Un modelo de preocupación cristiana, por el progreso espiritual, el compañerismo social y la carrera cristiana futura de Onésimo
3 Un modelo de la cortesía cristiana, porque Pablo no le ordena a Filemón, sino que le solicita (vv. 8, 9) y tiene confianza en su respuesta voluntaria (v. 21). También sugiere que vendrá a Colosas como huésped de Filemón (v. 22).
4 Un modelo de intrepidez cristiana, rogando por un fugitivo, un ladrón, uno que
no era bueno para nada.
Tres personas con trasfondos muy diferentes
«Yo»: el escritor Primera persona: Pablo, el apóstol, judío por nacimiento y educación, quien había llegado a ser un prisionero de Cristo Jesús (v. 1), un embajador de Jesucristo (v. 9) y el aval de Onésimo (vv. 18, 19).
«Tú»: la persona a la cual se dirige Segunda persona: Filemón, el dueño de esclavos, un gentil convertido (v. 16). Filemón significa «el que ama». (Su amor se menciona en los vv. 5, 7, 9)
«Él»: el sujeto de la carta Tercera persona: Onésimo, socialmente esclavo, moralmente un ladrón, y legalmente un proscrito, sin embargo, salvado por la gracia de Dios. Sin embargo qué amor y comunión existían debido a que todos eran «uno en Cristo Jesús».



El poder transformador del evangelio
El evangelio de Cristo que Onésimo había recibido y creído le había hecho:
·         Hijo de Pablo en la fe v. 10
·         Hermano amado v. 16
·         Compañero en la más grande empresa en el cielo y en la tierra v. 17
·         Según el propio corazón de Pablo, grandemente amado v. 12
·         Un siervo útil de Cristo v. 11

Serie: Mandamiento Bíblico

Estos son los animales que comeréis,   no comeréis éstos:”, v. 2-3. Levítico 11. 1-8, 43-47; 1 Timoteo 4, 3-4. Leer. En Levítico 11 tene...