domingo, 11 de marzo de 2018

Barzilai, premiado por su lealtad


Personajes del Antiguo Testamento.        N° 29.

Héctor Alves, 1896-1978.
Parte de una serie publicada mayormente
 en los años 1970 en la revista Truth & Tidings

Barzilai, premiado por su lealtad

Barzilai no ocupa mucha narrativa en los Escritos Sagrados, pero trozos cortos lo proyectan como sobresaliente en su lealtad y liberalidad, y hablan también del galardón que recibió a manos de David. En 2 Samuel 17 leemos que era hombre muy rico, pero es evidente que era más que rico. 
Mientras David estaba firme en su trono y ningún hijo rebelde se levantaba para atentar contra su soberanía, no era difícil ser fiel al rey, pero la cosa era diferente cuando David "subió la cuesta de los Olivos, y la subió llorando", huyendo de su hijo rebelde Absalón. Ahora David no fue bien recibido dondequiera que fuera, sino rechazado. Ya no se cantaba: "Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles". En una época recibía el homenaje de diez de las tribus de Israel, pero ahora era un marginado, contando con solo un grupo reducido de seguidores, y no se sabía qué guardaba el futuro.
"El pueblo era hambriento, y cansado y sediento en el desierto", 17.29. David había venido con ellos a Mahanaim, el lugar de "dos huestes" donde más de setecientos años antes el ángel de Jehová se presentó a Jacob en su huida de Labán. David había tocado fondo cuando Sobi, Maquir y Barzilai lo encontraron y declararon claramente su apoyo. Sin duda habían oído de la suerte del rey, y vinieron voluntariamente por lealtad a él. El primero de ellos era descendiente de Amnón y el segundo había sido un amigo cercano de la familia de Saúl cuando David asumió el mando; Mefi-boset encontró abrigo en su casa. Lo único que sabemos del tercero, Barzilai, es que era galaadita, anciano y varón destacado.
Estos tres trajeron lo que sabían que David y sus hombres necesitarían; a saber, camas, utensilios y alimentos. No era poca cosa y David no olvidaría su labor de amor.
No leemos más acerca de los primeros dos en relación con esta liberalidad, pero Barzilai "pasó el Jordán con el rey, para acompañarlo al otro lado del Jordán", 19.31. Lo hizo a la edad de 80 años porque quería dar la bienvenida personalmente al rey en su regreso del exilio. Él se acordaría del reinado de Saúl y la victoria de David sobre el gigante en el valle de Ela, unos cuarenta años antes. Se acordaría también del trato de Saúl con David, y después el reinado próspero de este hijo de Isaí, y ahora en la vejez deseaba manifestar su lealtad al ungido de Dios.
David quería mostrar su gratitud, y le invitó al anciano acompañarle a Jerusalén y comer a su mesa, 19.33, pero éste declinó la invitación debido a su edad, y no por sentirse independiente. Quizás le impresionó la palabra conmigo en boca de David, y sin duda agradecería la invitación personal. Pero Barzilai no había dado con el ánimo de recibir, por mucho que merecía un galardón.
Su mente estaba clara aún, y se le ocurrió una alternativa. "Pasará tu siervo un poco más allá del Jordán con el rey; ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa?" Y agregó: "He aquí tu siervo Quimam; que pase él con mi señor el rey, y haz a él lo que bien te pareciere", vv 36, 37. Esto le agradó a David, y difícilmente podía negar la solicitud. Respondió: "Pues pase conmigo Quimam ..."
Debemos tener presente por cuánto tiempo David tuvo en mente lo que Barzilai había hecho por él. No sólo le asignó a Quimam un lugar delante de él en Jerusalén, sino también una residencia en la ciudad donde el rey había nacido, ya que leemos en Jeremías 41.17: "... habitaron en Gerut-quimam, que está cerca de Belén".
El criterio general es que Quimam era hijo de Barzilai, una opinión que está fortalecida por la carga de David a Salomón acerca de Joab: "No dejarás descender sus canas al Seol en paz", a lo cual añadió: "Mas a los hijos de Barzilai galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa; porque ellos vinieron de esta manera a mí, cuando iba huyendo de Absalón tu hermano", 1 Reyes 2.6, 7. Mientras David vivía, y aun en su postrimería, él se acordaba de Barzilai. Por grato que haya sido el donativo traído por Sobi, Maquir y Barzilai, más aun fue la lealtad y el afecto que lo motivaron.
Los honores reservados para los hijos del anciano galaadita apuntan a lo que está reservado para nosotros. Dios no es injusto para olvidar nuestra obra de amor, si la hemos hecho con miras a la honra del nombre suyo.


jueves, 1 de marzo de 2018

Itai, fiel seguidor de David


Personajes del Antiguo Testamento.        N° 28.

Héctor Alves, 1896-1978.
Parte de una serie publicada mayormente
 en los años 1970 en la revista Truth & Tidings

Itai, fiel seguidor de David

Itai era un hombre de excepcional fidelidad a David, como se observa en sus palabras a éste en su rechazamiento: "Viva Dios ... que para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también su siervo", 2 Samuel 15.21. El Antiguo Testamento no registra ninguna expresión de lealtad mayor que esta. Nos hace recordar a otro gentil, Rut la moabita, quien le dijo a su suegra, 300 años antes de esto: "Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada ... que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos".
Absalón había rebelado contra su padre y David tuvo que huir por su vida, acompañado de seguidores fieles. Dijeron: "Tus siervos están listos a todo lo que nuestro señor el rey decida". Entre estos había seiscientos que vinieron de Gat, donde él había estado en exilio, para apoyarlo. Es evidente que había ganado sus corazones. Se ha afirmado a menudo que Itai era su líder, pero la Escritura no lo dice, y dudamos que haya sido uno de aquellos que "iban delante del rey". Había otro Itai en el ejército de David, descrito en 1 Crónicas 11.31 como benjamita valiente. El Itai de 2 Samuel 15 era nuevo en el ejército, ya que David le dijo: "ayer viniste", no queriendo decir el día antes, sino en fecha reciente.
Su fe en Dios es evidente. "Viva Dios", o expresiones equivalentes, se encuentran quizás veinte veces en las Escrituras, y han resonado a lo largo de los siglos. En toda dispensación la realidad de un Dios viviente ha sido el recurso de los piadosos. Itai emplea la expresión para consolar a David, y por venir de los labios de un gentil tendría mucho efecto sobre el rey rechazado. Itai agregó, "y vive mi señor el rey", haciéndole recordar a David del cuidado de Dios para con él, aun cuando a menudo su vida estaba en peligro.
También es evidente su entera devoción a David. "... donde mi señor el rey estuviere, allí estará también su siervo". Estaba resulto; nada se interpondría entre él y el rey. 1 Samuel 18.1 al 4 describe la devoción de Jonatán a David – "lo amó Jonatán como a sí mismo" – pero el 20.42 relata que cuando David se marchó, Jonatán fue a la ciudad; no quería comunión con David en su rechazamiento. 2 Samuel 19 cuenta que Mefi-boset no podía tener comunión con David en esa coyuntura porque su siervo lo engañó.
En el caso de Itai, él no quería nada sino la comunión con David en su rechazamiento. A menudo se citan sus palabras como "o para vida o para muerte", pero dijo, "o para muerte o para vida", etc. Estaba preparado para lo peor; moriría donde muriera David, o al ser éste restaurado al trono, se regocijaría con él.
Tercera, es evidente su disposición a servir. Por alguna razón David intentó disuadir a Itai: "¿Para qué vienes tú también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar. ¿He de hacer hoy que te mueves para ir con nosotros? En cuanto a mí, yo iré a donde pueda ir; tú, vuélvete". Quizás el énfasis debe estar sobre la primera . ¿David habló de esta manera porque Itai era mayor en edad y sus días de soldado ya habían pasado? No sabemos, ni le importaba a Itai. David había ganado su corazón y con David iba a estar.
¿Qué es la lección para nosotros? Nunca ha sido popular seguir a nuestro Señor rechazado, aun en círculos donde esto menos se espera. Después de años en el camino al cielo, Pablo escribió: "... a fin de conocerle ... y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte", Filipenses 3.10. Itai no tenía ningún motivo egoísta al seguir a David en su destierro. No hubiera hablado como Pedro cuando dijo: "Lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?" Fue devoción y no beneficio, que le motivaba a Itai. Su nombre quiere decir "Jehová está cerca".
El galardón para este hombre se encuentra en las palabras: "Y pasó Itai geteo ... asimismo pasó el rey", pero la historia no termina allí. Una vez que David había organizado su tropa en Mahanaim, puso una tercera parte al mando de Joab, otra tercera parte bajo Abisai y otra bajo Itai. Él valoraba la devoción de este seguidor y lo honró una vez restaurado a su trono.
Nuestro Señor está rechazado por ahora, pero si sufrimos aquí reinaremos allí, 2 Timoteo 2.12. Llevar su reproche ahora seguramente traerá galardón en el día de Cristo.


Absalón, el príncipe con una mancha


Personajes del Antiguo Testamento.        N° 27.

Héctor Alves, 1896-1978.
Parte de una serie publicada mayormente
 en los años 1970 en la revista Truth & Tidings

Absalón, el príncipe con una mancha

No había en todo Israel ninguno tan alabado por su hermosura como Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había en él defecto, 2 Samuel 14.25.
Pero bien preguntó su padre David: "¿El joven Absalón está bien?" 18.32. Segunda Samuel capítulos 13 al 19 mencionan su nombre aproximadamente cien veces, pero de todas las biografías narradas en la Palabra de Dios, la de Absalón es una de las más tristes. Es la historia del afecto natural y de las tribulaciones de un padre de corazón roto.
1. Un yugo desigual, 3.3. Su madre era Maaca, hija de un rey de Gesur, una parte de Asiria, 15.8. Procedió de aquellos que se describen como "las gentes que están en vuestro derredor".
2. Un defecto invisible, 14.25.  "Desde la planta de su pie hasta su coronilla no había en él defecto". Pero la hermosura de Absalón estaba todo lado afuera. Tenía todo lo que apelaba al hombre natural, pero Dios sabía de un defecto que no estaba a la vista. "Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana", Isaías 1.5,6. Su hermosura personal, libre de defecto exterior, no hacía nada para realzar su condición espiritual.
3. Un hogar infeliz, 13.1 al 14. El pecado de David registrado en el capitulo 11 dejó su huella sobre el hogar. Más adelante su hermanastro Amnón violó a su hermana. Por meses el corazón de Absalón abrigó un espíritu de venganza, y él tramó la muerte de Amnón por lo que había hecho a Tamar. El asesinato de Amnón trajo pesar a David, y como resultado Absalón volvió más y más rebelde ante su padre. Huyó a su suegro, Talmai, 13.38.
4.  Un espíritu rebelde, 14.28 al 33.  Cuando volvió al hogar, después de tres años enteros en Gesur, él no reconoció su culpa ni dio señales de arrepentimiento. El rey no aplicó ninguna disciplina bíblica, sino lo besó a Absalón. En esto David fue negligente. Leemos en el versículo anterior: "¿Para qué vine de Gesur? Mejor me fuera estar aún allá. Vea yo ahora el rostro del rey; y si hay en mí pecado, máteme". En vez de un espíritu quebrantado, Absalón manifestó voluntad propia. El hombre que no tenía defecto exterior hizo entrever su defecto interior.
5.   Un hijo infiel, 15.1 al 14.  Absalón estaba empeñado en hacer lo que quería, y organizó una rebelión contra su padre, Rey David. Primeramente, robó los corazones del pueblo. No leemos que los ganó, sino que los robó. Sabía que les era agradable, pero usó un don de Dios para un fin innoble. Su padre había hecho mal al besarlo, y posteriormente Absalón se valió de los besos para ganar el favor de otros. "Cuando alguno se acercaba para inclinarse a él, él extendía la mano y lo tomaba, y lo besaba".
Pronto contaba con partidarios. Ganaba su apoyo con criticar la administración de su padre, y entonces se sublevó en rebelión abierta. Este hombre anhelaba el poder pero carecía de la habilidad de llenar el puesto que ambicionaba. El triste hecho fue que "el corazón de todo Israel se va tras Absalón. Entonces David dijo ... huyamos, porque no podemos escapar delante de Absalón".
6.  Un final prematuro, 18.9 al 14   "Iba Absalón sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de las ramas espesas de un gran encina, y se le enredó la cabeza en la encina, y Absalón quedó suspendido entre el cielo y la tierra; y el mulo en que iba pasó adelante. Viéndolo uno, avisó a Joab". Nada se dice que su cabello haya causado el accidente; aparentemente su cuello se quedó trancado entre las ramas. Es de suponer que su abundante cabello, que cortaba anualmente, era tan pesado que dificultó cualquier intento a salvarse.
Joab respondió a su informante, diciendo que ha debido matar a Absalón y ganar para sí una gran recompensa. A esto el otro respondió que ni por una suma muchísimo mayor él estaría dispuesto a hacer eso, "porque nosotros oímos cuando el rey te mandó a ti y a Abisai y a Itai, diciendo: Mirad que ninguno toque al joven Absalón". Este ejemplo de obediencia es sobresaliente, pero Joab desobedeció. Clavó tres dardos en el corazón de Absalón cuando estaba vivo, indefenso en el árbol.
El juicio de Dios había alcanzado al pródigo Absalón cuando joven todavía. Su cuerpo fue lanzado en un gran hoyo en el bosque y cubierto de un montón de piedras. Fue un monumento muy diferente a aquel que había hecho para sí. En vida Absalón erigió una columna y dijo: "Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre".
Este joven afligió a su padre más por su muerte que lo había afligido por su vida. Posiblemente en su angustia David habrá reflexionado sobre las ocasiones cuando no había actuado sabiamente con su hijo, y como este descuido había aportado al fin inoportuno y vergonzoso de Absalón. Que tantos padres como hijos aprendan de esta historia trágica.


Mefi-boset, un mal comienzo y un buen fin


Personajes del Antiguo Testamento.        N° 26.

Héctor Alves, 1896-1978.
Parte de una serie publicada mayormente
 en los años 1970 en la revista Truth & Tidings

Mefi-boset, un mal comienzo y un buen fin

La historia de Mefi-boset nos recuerda de las palabras de Ezequiel 36.11: "Os haré morar como solías antiguamente, y os haré mayor bien que en vuestros principios; y sabréis que yo soy Jehová". Vemos una anticipación de la gracia de Dios en la benignidad de David para con Mefi-boset. A lo largo de su vida él disfrutó del favor del rey, y tuvo un gran final. Había recibido la bondad de David, disfrutado de su comunión y al final quería tan solo su presencia. 
Le conocemos primeramente en 2 Samuel 4.4 donde leemos que cuando tenía cinco años de edad llegaron noticias de la muerte de Jonatán. Huyendo junto con su nodriza, cayó y quedó cojo. Por qué ella recogió al niño y huyó, no se nos dice. Sin duda concluyó que David odiaba a Saúl y por esto la vida del heredero aparente al trono estaría en peligro. Sabía ella que David estaba señalado para ocupar el trono y podría eliminar el linaje de Saúl. Recogió al muchacho apresuradamente, lo dejó caer y él quedó lisiado de por vida.
Viendo a Mefi-boset como un tipo, en este caso un descendiente de un rey desobediente y rechazado, inhabilitado por una caída y viviendo en Lo-debar (queriendo decir un lugar sin pasto), percibimos aquello que aplica a todos nosotros por naturaleza.
La luz de la gracia de David alumbra este cuadro lóbrego. La próxima mención de Mefi-boset está en el 9.1 donde David dice: "¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?" Mefi-boset era hombre maduro ya, padre de un hijo menor llamado Micaía. Este nombre quiere decir "¿quién como Jehová?"
Mefi-boset había estado alejado de David por buen tiempo, y aparentemente a una buena distancia de Jerusalén, pero ahora por amor de Jonatán él es traído del exilio. No podía caminar, así que David aportó transporte. Bien podemos imaginar los pensamientos que le ocuparían: ¿Por qué manda él por mí? ¿Mi suerte será la de otros de la casa de mi abuelo?
Pero en el v. 3 encontramos una declaración maravillosa: "a quien yo haga la misericordia de Dios". La misma expresión la vemos en Tito 3.4: "se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador".
Las primeras palabras de David para Mefi-boset fueron: "No tengas temor". Éste, al oír que iba a comer pan a la mesa del Señor, dijo: "¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?" Bien ha podido decir: "Ciertamente merezco esta bondad por ser heredero del trono, porque en realidad soy igual a ti". Pero así no pensaba uno cuyo nombre quiere decir "respirar reproche". Asumió una postura humilde, en eso es un tipo del pecador salvo por gracia.
Merece nuestra atención lo que el rey le dijo: "A la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y comerás siempre a mi mesa". Encontramos en esto bondad en consideración de Jonatán, la restauración de la heredad y comunión con el rey. Cada uno de estos tres elementos corresponde al trato de Dios con nosotros cuando nos salvó. 
Mefi-boset no solamente fue objeto del beneplácito real, sino fue traído a feliz comunión con David en calidad de hijo. Aprendemos de esto la provisión que David hizo para él. Este hombre Siba tenía quince hijos y veinte siervos, pero el rey le mandó: "Tu, pues, le labrarás la tierra, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa". Nos hace recordar aquello que se ha llegado a conocer como la parábola del hijo pródigo, donde leemos del pródigo colmado de la bondad de su padre.
Esta parte de la narrativa termina con las palabras: "Moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies". Qué contraste con su vida en Lode-bar, el lugar sin pasto.
Después de pocos años David tuvo que huir por su vida. 2 Samuel 16 abre con una historia triste: cuando David apenas había pasado la cumbre de un monte, salió a su encuentro Siba, siervo de Mefi-boset, con bestias, una abundancia de alimentos y un frasco de vino. Dijo el rey: "¿Dónde está el hijo de tu señor?" y Siba respondió que estaba en Jerusalén, y que había dicho: "Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre". Ante esto el rey lo prometió a Siba: "Sea tuyo todo lo que tiene Mefi-boset".
Siba había mentido deliberadamente, y David cayó en la trampa. Es fácil para nosotros difamar el carácter de otro, pero no podemos engañar a Dios. Siba no tenía escrúpulos, y esta difamación no tenía razón de ser. David, por su parte, actuó impetuosamente; él ha podido averiguar qué estaba haciendo el hijo de su amigo de antaño, antes de hablar apresurada-mente.
Siba era zorro en cuero de oveja, y nos parece que fue Mefi-boset que preparó esta abundancia para David y su séquito. Siba había calculado sagazmente que su supuesta lealtad a David, y su vil ataque contra Mefi-boset, redundarían en gran beneficio para él. Como consecuencia, David trató a Mefi-boset como un traidor.
"Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu", Eclesiastés 7.8. Dentro de poco el reino fue devuelto a David y él volvió a Jerusalén. La primera persona que salió a recibirlo fue Mefi-boset. "No había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día en que el rey salió hasta el día en que volvió en paz", 19.24. Es evidente su lealtad al rey en su rechazamiento; Jerusalén no tenía atractivo para este hombre hasta volver su rey en paz. Y en estos tiempos, "al Salvador rechaza el mundo pecador, la sorda muchedumbre ajena de su amor". ¿Qué es nuestra actitud hacia el mundo que le está rechazando?
Mefi-boset sería bien conocido en Jerusalén, y todos se darían cuenta de que no estaba participando en sus asuntos. Su apariencia habrá llamado la atención a muchos: descalzo, sin afeitarse y ropa no lavada. Él no podía acompañar a David, pero de esta manera tuvo comunión con él en su sufrimiento.
A lo mejor David se sorprendió sobremanera al ver que Mefi-boset venía a su encuentro. "Mefi-boset, ¿por qué no viniste conmigo?" fue su pregunta. El rey oyó su historia, como Siba le había difamado, y como David le había favorecido. El rey revirtió su decisión acerca de la tierra. La tierra fue todo lo que Siba deseaba, pero la respuesta noble del cojo fue: "Deje que él las tome todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa". Mefi-boset quería al rey, no los bienes.
Esta es la última mención del hombre que era fiel a David, y nos deja ver dónde estaba su corazón. Terminó maravillosamente bien.


Asael, un mártir por David


Personajes del Antiguo Testamento.        N° 25.

Héctor Alves, 1896-1978.
Parte de una serie publicada mayormente
 en los años 1970 en la revista Truth & Tidings

Asael, un mártir por David

En el Antiguo Testamento hay cuatro hombres llamados Asael. Uno era sacerdote, padre de Jonatán, que vivía en los tiempos de Esdras, Esdras 10.15; uno era levita que instruía al pueblo en los días de Josafat, 2 Crónicas 17.8; y otro era también levita y estaba a cargo de los diezmos, 2 Crónicas 31.13.  Sabemos poco acerca de estos hombres.
El cuarto es el Asael que nos interesa aquí. Era el menor de los tres hijos de Sarvia, hermana de David, y por esto hermano de Abisai y Joab. Mucho menos está registrado acerca de Asael que de sus hermanos, aunque parece haber estado muy devoto a su tío desde los días de su rechazamiento.
Casi toda su historia está en narrada en 2 Samuel capítulo 2, donde su nombre figura ocho veces en quince versículos.
Era ligero de los pies como una gacela, v. 18. Terminada la batalla de Gabaón, persiguió a Abner y lo alcanzó. Este soldado que encabezaba el ejército de Saúl le advirtió al joven a apartarse, pero Abner no quiso. Más bien, mató a Asael en defensa propia. Con todo, Joab vengó este acto, v. 31. El Espíritu Santo registra detalles de este episodio, quizás por ser tristes las circunstancias, y en particular la muerte de tanto Asael como Abner.
Algunos dirían que Asael fue temerario en perseguir a Abner, un hombre mayor y soldado de más experiencia. Se ha sugerido que veía una oportunidad para ganar fama, sabiendo que era el más veloz de los dos.
No creemos que tenía las aspiraciones de su hermano mayor, quien, viendo la oportunidad de ser nombrado general del ejército, fue el primer en matar a los jebuseos. Quizás Asael pensaba que al aniquilar al comandante de las fuerzas enemigas él pondría fin a la guerra. Creemos que fue fidelidad a David que lo impulsó a buscar ese peligro. Sin embargo, se descuidó. Posiblemente subestimaba la habilidad de Abner, o no se dio cuenta de que su lanza estaba apuntada hacia atrás. Se como fuere, el enemigo lo sorprendió fatalmente.
Es digno de notar que en ninguna parte se menciona el padre de estos tres sobrinos ilustres de David. Siempre son los hijos de Sarvia, una mujer de dotes excepcionales. Posiblemente los hijos heredaron de ella su celo y fidelidad. Nombró al tercero Asael, que quiere decir "formado por Dios", y su lealtad a David hace ver que él cumplió con el sentido de su nombre.
Sin duda Asael estaba con David en la cueva de Adulam, quizás diez años antes de que su vida terminara tan trágicamente. Ascendió a ser incluido en los treinta destacados, y en
1 Crónicas 11.26 figura como el primero de varios valientes. Esto nos hace pensar que hubo otros actos de valor en la vida de Asael.
Vemos algo de la tristeza del triunfo en las palabras de 2 Samuel 2.23: "Todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caído y estaba muerto, se detenían". Obviamente sentían esa pérdida sorpresiva. Vuelto Joab de perseguir a Abner, los dolientes de Asael llevaron sus restos al sepulcro de su padre que estaba en Belén. Joab y sus hombres caminaron todo la noche y llegaron al amanecer de un día de aflicción al oír que Asael había muerto de esa manera. Su ha podido decir en esa ocasión lo que fue dicho más adelante cuando murió Absalón: "Se volvió aquel día la victoria en luto para todo el pueblo". Asael murió por una buena causa – algunos dirían sin necesidad de haberlo hecho – y probó su lealtad a David.
Está a su favor lo dicho de él cuando perseguía a Abner: "siguió sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda". La muerte suya dio lugar a la de Abner, y por ende a la consolidación del reino bajo el mando de David.
1 Crónicas 27 contiene una nomina de los capitanes por mes, y nos informa que "el cuarto jefe para el cuarto mes era Asael". Algunos ven una dificultad aquí, observando que Asael murió antes de esta asignación de responsabilidad. Pero el relato acota: "y después de él Zebadías su hijo". Posiblemente la muerte del padre aportó peso a la prominencia del hijo. En otras palabras, Asael "muerto, aún habla". Esto es algo que podemos tomar a pecho: queremos dejar atrás un bien testimonio, un buen ejemplo para los que vienen en pos. De los tres hijos de Sarvia, el primero y el tercero le dejaron para David recuerdos gratos.


jueves, 22 de febrero de 2018

Abisai, el principal entre tres

Personajes del Antiguo Testamento.        N° 24.

Héctor Alves, 1896-1978.
Parte de una serie publicada mayormente
 en los años 1970 en la revista Truth & Tidings

Abisai, el principal entre tres

Abisai, sobrino de David, era hermano de Joab y Asael. Joab era general del ejército y Asael "fue de los treinta". Estos tres hermanos se dedicaron a la causa de David y se caracterizaban por gran celo en su lealtad a él.
Gracias a un acto de valor, Joab ascendió a la posición que tenía, pero es evidente que Abisai era más dedicado a David que lo era Joab. Él compartió el destierro con David, cosa que Joab no hizo, y estaba siempre cerca de él en momentos críticos. Sus hazañas incluyeron acompañar a David solo de noche en el campamento de Saúl, 1 Samuel 25.5 al 9; la matanza de trescientos filisteos; el rescate de David del gigante Isbi-benod, 21.16,17; y la derrota de los edomitas, 1 Crónicas 18.12.
Si bien Abisai no tenía la relevancia que disfrutaba su hermano, se ve que era el más honorable de los dos. Con todo y ser general, el nombre de Joab no está incluido en las listas de los notables, mientras que Abisai está entre los primeros.
Sus manos no estaban manchadas de la sangre de gente inocente, pero las de Joab más de una vez. No lo encontramos promocionándose a sí mismo. Su nombre, encontrado veinticuatro veces en los Libros de Samuel y Crónicas, quiere decir "padre de dones", "bondadoso", o también "fuente de riqueza". Él cumplió con estos apelativos.
La primera mención de Abisai es una clave al resto de su vida. "Dijo David ... ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo",
1 Samuel 26.6. David estaba siendo cazado como una perdiz por los montes, y Saúl estaba dormido en su campamento. Acercándose al rey rendido en sueño, Abisai dijo, "Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano", pero David respondió, "No lo mates".
Ameritan atención las palabras de cada cual. ¿Quién irá? Yo. Abisai era valiente y devoto; su bienestar personal no entró en consideración. David hablaba de descender, no de ascender, y Abisai lo sabía, pero su descenso resultaría en su ascenso.
Ahora 2 Samuel 23.18: "Este alzó lanza contra trescientos [filisteos], a quienes mató ... Era el más renombrado de los treinta ..." No tuvo que tramar mal contra otros, al estilo de Joab, para ser reconocido; Dios le promovió.
Una vez terminada la enemistad generalizada contra David y coronado él rey sobre todo Israel, Abisai gozó de prestigio en el reino. Nos hace recordar que "si sufrimos, también reinaremos con él", 2 Timoteo 2.12. Abisai había sufrido con David. Nunca pidió ascenso y más adelante estaba dispuesto a ocupar un lugar secundario cuando su hermano era el general. En el 10.9 leemos de una guerra contra los sirios y los amonitas. Al ver que tenía el enemigo delante y atrás, Joab desplegó los escogidos del ejército bajo su propio mando y entregó el resto en manos de Abisai. Este aceptó aquello sin quejarse, y Dios lo honró; los amonitas huyeron delante de él y se refugiaron en la ciudad.
En nuestros tiempos hay aquellos que servirían con gusto si se les diera el primer lugar, pero no hay tantos que trabajan de muy buena gana cuando tienen una asignación secundaria. En la asamblea debe ser asunto de comunión, sirviendo juntos con Dios sin codiciar el liderazgo. El amo en Marcos 13.34 dio a cada uno su obra, y los soldados de Gedeón en Jueces 7 "estuvieron firmes cada uno en su puesto".
Abisai estaba dedicado a David en su rechazamiento y siguió fiel a él cuando llegó a ser rey. Luego surgió la rebelión de Absalón, cuando de nuevo Abisai se identificó con David. Un hombre llamado Simei se presentó repentinamente cuando David huía de Jerusalén y llovió maldiciones sobre él. Abisai estaba junto al rey, y esto fue más de lo que podía tolerar. "¿Por qué maldice este perro muerto a mi Señor?" protestó Abisai. "Le quitaré la cabeza". ¡Pero David no lo quería! Abisai quiso hacer lo que creía procedente, pero fue demasiado impulsivo. Los hombres buenos no siempre son hombres sabios.
Se sometió a la voluntad del rey pero no estuvo de acuerdo. Tenía este abuso en su mente aun cuando David volvió en paz. "¿No ha de morir por esto Simei, que maldijo al ungido de Jehová?"
Este buen hombre desapareció poco después. Nada sabemos de su fin, pero podemos estar seguros de que no fue innoble, como lo fue el de su hermano Joab, quien fue muerto junto al altar.


Joab, capitán de la hueste de Jehová

Personajes del Antiguo Testamento.        N° 23.

Héctor Alves, 1896-1978.
Parte de una serie publicada mayormente
 en los años 1970 en la revista Truth & Tidings

Joab, capitán de la hueste de Jehová

El nombre de Joab figura ciento treinta y nueve veces en el Antiguo Testamento, cien de ellas en 2 Samuel. Posiblemente ningún otro estaba asociado tan de cerca con David, mientras era rey de Israel, que Joab hijo de Sarvia, hermana de David. Joab era uno de los soldados más hábiles de los tiempos del Antiguo Testamento, y a la vez uno de los hombres más inescrupu-losos en Israel, dispuesto a caer abajo a cualquier cosa, inclusive el asesinato, para lograr sus propios fines. Era leal a David cuando le convenía a sí mismo.
En las vidas de hombres como este hay generalmente alguna característica positiva, algo que alumbra el cuadro oscuro, pero en la vida de Joab buscamos en vano para una cosa que sea honorable. La excepción sería la ocasión cuando David censó a Israel y Joab preguntó: "¿Por qué se complace en esto mi señor el rey?" Acontecimientos posteriores dieron a ver que  Joab fue el más prudente de los dos.
No leemos de Joab en los días cuando David estaba rechazado y necesitaba apoyo moral. Más adelante, su nombre está omitido de las listas de los hombres valientes. A veces el silencio de las Escrituras habla en voz tan alta como la de sus palabras escritas. Joab desconocía una comunión con David en sus sufrimientos; no lo atraía la cueva de Adulam.
"David había dicho: El que primero derrote a los jebuseos será cabeza y jefe. Entonces Joab hijo de Sarvia subió primero, y fue hecho jefe", 1 Crónicas 11.6. Esto fue precisamente lo que Joab quería: ser cabeza y jefe. El premio era tentador. David ya era rey sobre Israel, y ser capitán del ejército le apelaba a Joab. Sin duda era un gran soldado y poseía muchas dotes de líder. Aunque parecía que había ganado su rango de una manera honorable, ¿actuó por lealtad a David o para provecho propio? Ganó toda batalla donde participó, y para asegurar su posición mató a todo enemigo y amigo a quien se oponía. Es evidente que Joab no tolerable un rival.
Primero Abner. "Vino, pues, Abner a David en Hebrón, y con él veinte hombres; y David hizo banquete a Abner y a los que con él habían venido ... Y cuando Abner volvió a Hebrón, Joab lo llevó aparte para hablar con él en secreto; y allí, en venganza de la muerte de Asael su hermano, le hirió por la quinta costilla, y murió", 2 Samuel 3.20,27.
Vemos cuán celoso era Joab. Toleraba a otros hombres solamente mientras asumían un lugar inferior al suyo. Abner también era un gran soldado, pero cuando Joab vio que, con o sin razón, le estaba superando, tomó la determinación de aniquilarlo. Fue fácil encontrar excusa; podía matarlo para vengarse de la muerte de su hermano Asael. Parece haber sido un manto para encubrir su motivo verdadero, ya que al haber vivido Abner él ha podido llegar a ser capitán.
Este acto de cobardía no le permitió a David tener buen concepto de Joab. Fue un golpe duro para el rey, posiblemente el más severo hasta ese momento, y sería superado sólo por otro asesinato de parte de Joab, esta vez de Absalón, hijo de David.
"Escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías ... diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraros de él, para que sea herido y muera", 2 Sa-muel 11.14,15. Cuando Joab mató a Abner, unos trece años antes de esto, David protestó: "Yo soy débil hoy ... los hijos de Sarvia son muy duros para mí". Estas palabras describen el concepto que David tenía de Joab, pero ahora el rey quiere que haga algo muy similar; había encontrado el instrumento indicado para lo que tenía en mente. Este hombre estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal que se mantuviera en las buenas con el rey; su conciencia no presentaba problema, porque quería guardar su posición a todo costo.
Veamos otro episodio. "Conociendo Joab hijo de Sarvia que el corazón del rey se inclinaba por Absalón", 14.1, él ideó una intriga. De una vez tomó medidas para promover una reconciliación, sabiendo que esto agradaría al rey y a la vez favorecería a Absalón. En su papel de pacificador hizo caso omiso de las demandas de la justicia. La ley demandaba que Absalón fuese castigado por su transgresión, pero a Joab no le importaba. Desprovisto de escrúpulos, hizo lo que parecía recto en sus propios ojos.
Absalón robaba el corazón de los de Israel. Joab se quedó con David, aunque la conjura cobraba fuerza y aumentaba el pueblo que seguía a Absalón, 15.12. Conociendo el carácter de Joab, hemos podido esperar que apoyara a Absalón. No fue por amor a David ni por ser leal a él que estaba dispuesto a compartir este rechazo. Joab era sagaz y experimentado en la guerra. Sabía que David contaba con hombres fuertes y podía ganar la pelea. Este hombre no era seguidor de David, sino ambicioso para su propio bien. 
Joab fue tajante con el hombre que no quería dar el golpe de gracia a Absalón cuando moribundo: "No malgastaré mi tiempo contigo", 18.14. Tomó tres dardos y los clavó en el corazón del hijo de David, quien estaba aún vivo en medio de una encina. Mientras más seguimos esta historia, más negra la encontramos. En este caso Joab tenía más celo que sabiduría. Es difícil entender por qué mato a Absalón con sus propias manos, sabiendo que esto no le agradaría al rey. David más bien les había exigido a Joab, Abisai e Itai tratar benignamente al joven, y leemos que todo el pueblo oyó cuando dio esta orden a todos los capitanes. Un día Joab estaba intentando reconciliar a padre e hijo, y el día siguiente estaba matando al menor.
Ahora le toca a Amasa. Joab le pregunta: "¿Te va bien, hermano mío?" y le tomó de la barba para besarlo. "Pero Amasa no se cuidó de la daga que estaba en la mano de Joab; y este le hirió con ella en la quinta costilla ... y cayó muerto", 20.9,10. Amasa era estorbo para Joab, razón suficiente para eliminarlo. "La envidia es carcoma de los huesos. ¿Quién podrá sostenerse delante de la envidia?" Proverbios 14.30, 27.4.
Finalmente, el rey dijo: "Haz como él [Joab] ha dicho; mátale y entiérrale, y quita de mí ... la sangre que Joab ha derramado injustamente", 1 Reyes 2.31. Lo que el hombre sembrare, esto también segará. Los pecados de Joab le habían descubierto, y su final fue acorde con su vida. Hemos seguido su curso y visto cómo lograba sus triunfos, aunque ni una vez lo elogió David. Las palabras del rey que ya hemos citado revelan su evaluación de Joab.
Estas cosas de la antigüedad fueron escritas para nuestra enseñanza. El tenor de la vida de Joab es una advertencia. Mucho éxito en el servicio no necesariamente quiere decir que uno sea de carácter espiritual o de motivos puros. Lo cierto es que no debemos juzgar los motivos; es prerrogativa de Dios. Damos gracias por aquellos que Él emplea en su servicio, y nos alegramos ante la salvación de almas. Estimamos a aquellos que son usados en la obra del Señor, cuando sus aspiraciones se fundamentan en la gloria de Dios.
David no rechazaba el botín que Joab traía de sus hazañas, pero nunca leemos que aprobó lo que había hecho. El nombre de Joab brilla por su ausencia en las dos listas de los valientes que tuvo David y de las referencias a nobles en Hebreos 11. Joab logró su posición por habilidad propia y la preservaba por política sin principios. Al final, su suerte fue miserable, muy diferente a la del varón de Salmo 37.37: "Considera al íntegro, y mira al justo; porque hay un final dichoso para el hombre de paz".


Serie: Mandamiento Bíblico

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