jueves, 26 de abril de 2018

Gálatas 1:1-24


Gálatas 1:1-24  “AGRADÓ A DIOS...”

“Agradó a Dios... revelar a su Hijo en mí” (v. 15,16), es una confesión muy profunda del apóstol. Había sido llamado a predicar el “evangelio de Cristo”, pero Dios no se limitaría a una visión externa (la del camino a Damasco, por ejemplo): pedía que su siervo tuviera una experiencia interna. Dijo: Revelar “EN MÍ” no a mí.
Esta revelación vino del estudio de la palabra de Dios y de horas de comunión en el desierto de Arabia (v. 17); de esfuerzos en su Nombre en Siria y Cilicia (v. 21). Nótese que mucho de esto se hizo sin ser conocido (v. 22). Al menos 14 años pasaron entre la visión de Damasco y su llamado como misionero (2:1,2). ¡Grande lección, el día de hoy, a los que piensan que han de ser reconocidos como predicadores pocos días después de convertidos!
No confundamos el ser testigos de la resurrección de Cristo (Hch. 1:8), que se debe hacer inmediatamente después de ser salvo (Hch. 9:20), con el ser predicador entre su pueblo; para lo segundo se necesitan años de experiencia “en Cristo”. El sello del predicador es que ha sido: nombrado (v. 1), instruido (v. 12) y guiado por Cristo (2:2).

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