Gálatas
1:1-24 “AGRADÓ A
DIOS...”
“Agradó a Dios... revelar a su Hijo en mí” (v. 15,16), es
una confesión muy profunda del apóstol. Había sido llamado a predicar el
“evangelio de Cristo”, pero Dios no se limitaría a una visión externa (la del
camino a Damasco, por ejemplo): pedía que su siervo tuviera una experiencia
interna. Dijo: Revelar “EN MÍ” no a mí.
Esta revelación vino del estudio de la palabra de
Dios y de horas de
comunión en el desierto de Arabia (v. 17); de esfuerzos en su
Nombre en Siria y Cilicia (v. 21). Nótese
que mucho de esto se hizo sin ser conocido (v. 22). Al menos
14 años pasaron entre la visión de Damasco y su llamado como misionero (2:1,2). ¡Grande
lección, el día de hoy, a los que piensan que han de ser reconocidos como
predicadores pocos días después de convertidos!
No confundamos el ser testigos de la
resurrección de Cristo (Hch. 1:8),
que se debe hacer inmediatamente después de ser salvo (Hch. 9:20),
con el ser predicador entre su pueblo; para lo segundo se necesitan años de
experiencia “en Cristo”. El sello del predicador es que ha sido: nombrado (v. 1), instruido
(v. 12) y guiado
por Cristo (2:2).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario